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PERSONA Y SOCIEDAD

Un diálogo sobre ética cristiana en el mundo de hoy

La filosofía de la ciencia de Bertrand Russell y el positivismo lógico que impera en el pensamiento contemporáneo han convertido la sociedad moderna en axiomas científicos que se imponen como un modelo de comportamiento ético y social.

Desde este punto de vista muchos psicólogos y filósofos que defienden las posturas positivistas a menudo critican la trascendencia, o como resultado de la concepción racionalista de Immanuel Kant que impregna la cultura niegan la existencia de Dios, y la fe que debería ser entendida como el principio rector de la conciencia moral en las organizaciones sociales pierde su sentido de ser, llegando a convertirse la psicología y filosofía positivista y racionalista en un valor imperativo ético.

El enfoque fenomenológico de Edmund Husserl, Max Scheler y Dietrich von Hildebrand a diferencia de la corriente existencialista, ha sabido comprender la realidad de la sociedad y la metafísica de la persona, porque constituye para psicólogos y filósofos de las ciencias sociales la base principal de los principios éticos y morales que son necesarios en una civilización que por sus concepciones positivistas y racionalistas sobre la existencia y dignidad del ser humano han acabado por negar la fe y moral de la persona humana.

Introducción.

Desde el punto de vista de la lógica de la Ciencia y el sentido común de la Fe, sin lugar a dudas, se puede afirmar que DIOS, el alfa y omega, el principio y el fin, símbolo de eternidad, es DIOS de vivos y no de muertos. Porque DIOS es, y por esta razón de ser, DIOS existe.

En la Historia Sagrada, ¨La Biblia¨, YAHVÉ (¨el que es¨) se presenta de la siguiente manera: ¨...Yo soy el que soy ...¨ (Ex. 3,14), y no cabe ninguna posibilidad de no ser en sí mismo. Por tanto, en relación con la observancia de la Ley de DIOS, unívoca y verdaderamente, no se puede obedecer a lo contrario porque no cumple con la verdad absoluta de DIOS mismo.

Capítulo I : La Escolástica Medieval y la Filosofía de la Ciencia.

¨No pretendo, Señor, penetrar tu profundidad, porque de ningún modo puedo comparar con ella mi inteligencia, pero deseo entender en cierta medida tu verdad, que mi corazón cree y ama. No busco tampoco entender para creer, sino que creo para entender. Pues creo también esto: que si no creyera no entendería¨.

San Anselmo de Canterbury (1033-1109), Padre de la escolástica medieval hace hablar en el ¨Proslogion¨ (1077) a alguien que busca ¨elevar su alma a la contemplación de Dios¨, con el fin de mostrar en un argumento único y breve todo lo que la fe nos enseña sobre Él.

La posición clásica de la Iglesia Católica, creer para comprender (¨credo ut inteligam¨), ejemplificada por el mismo San Anselmo, no nos presenta la fe como fruto de la razón, sino como donación divina que hay que pedir en oración y agradecer en eucaristía.

Como filósofo, San Anselmo fue un realista espiritual, de todas sus reflexiones la que ha tenido más importancia es su afirmación de que ¨Dios existe¨, y por tanto, de que el sujeto de nuestra fe en Él es el predicado de nuestra razón de ser, porque ¨Dios es¨, lo cual coincide con la aseveración de Santo Tomás de Aquino sobre que la existencia de Dios es evidente en sí misma porque esencia y existencia se identifican en Él, lo cual entra en contradicción con la lógica de Kant que critica la prueba de su existencia como predicado, y con la de Russell que advierte que si ¨existe¨ no es predicado, entonces ¨Dios¨ no puede ser el sujeto de la predicación.

Si nos atenemos a la lógica de la Ciencia derivada de la teoría de falsación de Popper que se ha desarrollado durante el siglo XX y es el postulado fundamental de la metodología científica, y que afirma que para demostrar la verdad de una proposición no hay que poder falsearla, o que si la falseamos podemos demostrar que no es verdad. Por este principio, podemos llegar a la conclusión de que la afirmación positivista Ruselliana, y por tanto racionalista Kantiana, incurren en una falacia metodológica al prescindir de la verdadera estructura de la oración en la que desde el punto de vista de su función gramatical ¨Dios¨ desempeña el sujeto y ¨existe¨ el predicado. De este modo, y sin lugar a dudas podemos dar razón de fe a San Anselmo de Canterbury y Santo Tomás de Aquino.

En este mismo sentido, si Marx que proclamaba contra el cristianismo que el objeto último de la fe es una ilusión, ello viene a colación para demostrar que la enfermedad del alma es la razón sin fe que se extravía en la locura, y se convierte en sin razón, como así ocurrió a Nietzsche. Por tanto, la afirmación de que el ateísmo de la edad moderna está fuera de toda lógica y es irracional tiene sentido común.


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Ludwig Wittgenstein (1889 - 1951) y el positivismo lógico

Ludwig Wittgenstein nace en el seno de una familia judía católica en el año 1889, en la ciudad austríaca de Viena, realizará estudios de ingeniería, y se trasladará a Manchester para especializarse en análisis matemático y aeronáutica. En la Universidad de Cambridge, conocerá a Bertrand Russell, y tomará contacto con la filosofía de la ciencia. Durante la Iª Guerra Mundial, regresará a Austria y servirá como oficial del Ejército. Posteriormente, volverá a Inglaterra y publicará el ¨Tractatus logico-philosophicus¨. No obstante, entre 1919 y 1926 experimentará una transformación que le llevarán a la publicación de ¨Investigaciones filosóficas¨.

1. La Psicología de la Filosofía.

a) Un análisis del lenguaje.

Uno de los grandes pensadores seminales del siglo XX ha sido Wittgenstein, que aunque situado con razón por los críticos en el campo del positivismo lógico de Russell, del cual recibirá una gran influencia, se desmarcará de su filosofía científica, y aportará desde su ¨principio de verificabilidad¨ una filosofía analítica que pretende demostrar que solamente tienen significado aquellos enunciados que son empíricamente verificables. Es decir, en la misma línea que Karl Popper y su metodología de la ciencia, que expondrá el ¨principio de falsación¨ como una de las bases fundamentales de los postulados científicos, y que afirma que cualquier hipótesis que pretenda ser verificada se debe resistir al hecho de que sea posible falsearla, es decir, sustentarse en el principio de que toda verdad es empíricamente demostrable sino se puede probar su falsedad.

El lenguaje de la ciencia es y debe permanecer como imágen de los hechos, entonces sólo las proposiciones y los enunciados referidos a contenidos empíricos constituyen un lenguaje auténticamente científico. Por esta razón, Wittgenstein en referencia a la mística y en comparación con la ciencia, la describe, como algo prácticamente indecible, inexpresable (¨unaussprechliches¨), porque tiene que ver con el sentido de la vida, con el hecho de que exista el mundo, con lo ético, es decir, aceptando la existencia de lo místico, y desmarcándose de la idea de la ciencia de Russell como principio ético. En palabras suyas: ¨Mi obra consta de dos partes: una la que he escrito. Otra la que no he escrito. Esta segunda es la más importante¨.

b) La terapia semántica.

Wittgenstein considera necesaria una ¨terapia semántica¨, en la que el filósofo debe ser un terapeuta que nos cure de las especulaciones, y debe limitarse a describir el modo cómo se usan los vocablos para expresar la realidad, aquella misma que está sujeta a las reglas convencionales según el contexto en el que se dan los diversos usos del lenguaje. Por tanto, la filosofía no debe ser especulativa, sino analítica, lógica y mística, que según el lenguaje en que se expresa, la primera consistirá en un análisis del lenguaje, el que nos muestra una imágen, y los otros lenguajes como el lógico nos mostrarán la verdad sobre los hechos. Pero también, existe lo místico, es decir, Dios, que es en sí mismo, inefable, y que tan solo es necesario que se revele.

La filosofía como resultado de la dialéctica se puede convertir en mera especulación intelectual, y es menester recuperar su razón de ser puramente descriptiva, la lógica de lo real y de su verdad revelada.

2. Una revelación sobre la existencia de Dios.

Entre las influencias más tempranas e importantes que marcaron la vida de Wittgenstein, encontramos la doctrina del Verbo de Dios, o el Logos del IV Evangelio según San Juan, y los principios filosóficos helénicos y cristianos de San Agustín, y después de ser profesor de Universidad en Inglaterra y de convertirse por voluntad propia en maestro de una escuela austríaca, la vida le llevará a ser jardinero en un Convento, y a desprenderse de su herencia entre sus hermanos. No obstante, volverá a Cambridge a petición de la Universidad, para impartir clases de filosofía hasta que sobreviene la IIª G.M. en la que participará como camillero en un hospital londinense. Finalmente, tras un corto periodo de tiempo abandonará definitivamente la cátedra universitaria, de la que con nostalgia escribirá años después ¨Cuadernos Azul y Marrón¨, lecciones dictadas en inglés de los cursos 1933-34 y 1934-35. Y pasará sus últimos días en la costa occidental de Irlanda, hasta que el cáncer hace mella en su salud y acaba con su vida en 1951. Su frase lapidaria: ¨Dígales que he tenido una vida muy feliz¨.

Las bases de su análisis del lenguaje, en el que más que fijarse en los significados lo hace por sus usos, descubre lo importante que es aclarar el significado de las palabras en el contexto de su uso y según su reglamentación propia, este es el criterio de la filosofía, comprender la función de las palabras en los diversos lenguajes, de como se relacionan con la vida, de como expresan los sentimientos de las personas que hacen uso de ellas. Es erróneo, pues como dice Wittgenstein, y en la misma línea que se hallaría la fenomenología de Edith Stein, afirmar que la filosofía intenta explicar el sentido de la vida a partir de lo que está más allá de lo fenomenológico, de ese mundo del que Nietzsche busca su explicación como resultado de una especulación sobre la voluntad de poder, remitiéndonos a falsos problemas.




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Capítulo II: La Doctrina Social y el Magisterio de la Iglesia.

Karol Wojtyla, S.S. el Papa Juan Pablo II, en su tesis doctoral (1953) sobre Max Scheler, díscipulo de Edmund Husserl, padre de la fenomenología, y en la línea de Edith Stein, concibió sobre estas bases la necesidad de construir una ética cristiana entroncada en la Doctrina social de la Iglesia que desde León XIII, Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, Pablo VI y Juan Pablo I ha derivado en el paradigma de la civilización moderna.

El Cardenal Joseph Ratzinger de la Congregación para la Doctrina de la Fe, entiende que la concepción tomista que arranca de la Edad Media ha adquirido una revalorización en la actualidad, y que comprendiendo más la fe como el fruto de un sentimiento vivido por la gracia de Dios que como el resultado de la razón, considera también importante centrar además en otras corrientes de pensamiento actuales la verdadera dimensión del hombre en su búsqueda del sentido de la vida.

El realismo espiritual es una innegable corriente de pensamiento en la historia de la humanidad que encuentra en el siglo XX, entre sus más acérrimos defensores a Emmanuel Mounier y el personalismo cristiano.

Emmanuel Mounier (1905 - 1950) y el personalismo cristiano.

¨... toute personne a une signification telle qu´elle ne peut être remplacée à la place qu´elle occupe dans l´univers des personnes...¨

El personalismo cristiano ha sido uno de los fundamentos que han permitido la renovación de la vida social de la postguerra, después de la IIª Guerra Mundial su apuesta decidida en favor de la integridad de la persona se ha dejado sentir hasta nuestros días, y la influencia de la publicación de la Revista ¨Esprit¨que plantea debates en campos muy diversos como la política, la filosofía, los movimientos sociales, ... hacen de su fundador uno de los pensadores cristianos más influyentes del siglo XX.

Un enfoque de la Psicología Cristiana comprometida por las personas y sus comunidades, capaz de responder a las exigencias esenciales del espíritu humano desde una perspectiva personal, social y comunitaria.

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